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Vidas Privadas III: Marcelo Longobardi

La calurosa tarde del 18 de febrero de 1998, minutos después de las siete de la tarde, una camioneta de correo privado llegaba a las puertas del Country Village en Pilar, sobre la calle Hipolito Yrigoyen, a quinientos metros de la Autopista Panamericana. Un empleado de uniforme bajó de la camioneta y entregó en la caseta de guardia setenta y seis sobres blancos tamaño carta con etiquetas a nombre todas las mujeres que vivían en el country.

Esa misma noche M., propietaria de uno de los terrenos recibió el que estaba a su nombre. Tenía gente invitada a cenar y recibió apurada al encargado de seguridad que le trajo la correspondencia. Decidio echarle una ojeada rápida, pero no pudo. Cuando vio en su interior la fotografiá de una pareja, su corazón se detuvo por un instante. Hacía varios meses que sospechaba que su marido la engañaba. "Éstas son las pruebas", pensó y escondio rapidamente el sobre en un estante de la biblioteca. Esa noche no pudo concentrarse en ningún momento en la charla de sus amigos. No veía la hora de que se fueran y poder discutir con su marido. "De esta no se salva", pensó.

Pasadas las dos de la mañana, cuando el último invitado se retiro, corrió nerviosa a revisar las fotografias y se percato, con alivio, de que no se trataba de su marido. Miró la hora y se fue hasta la recepción del country.
-¿Dolores?
-Sí.
-Necesito verte urgente.
Dolores Llorens era la mujer de Marcelo Longobardi.
-Disculpame, pero esto me llegó a mi casa anoche. Por suerte pude retirar el resto de los sobres de portería. No sé cuantos se habrán repartido.
Cada sobre contenía tres fotografias de 20 centimetros por 28 sacadas con un teleobjetivos en el Paseo de la Infanta, en Palermo. Allí se veía, a través de distintas tomas, a Marcelo Longobardi y una joven muy mona subiendo al auto del periodista. También contenia un casete de 60 minutos, marca TDK, con fragmentos de charlas privadas entre Longobardi y la señorita, que según se desprendía de las grabaciones trabajaba en un lujoso hotel de la Ciudad de Buenos Aires.

Desde hacía algunos meses, Longobardi le venía comentando a su mujer que sentía que lo seguían. Dolores le decía que no se preocupara, que seguramente eran ideas suyas. Longobardi habia revelado por entonces a algunos periodistas colegas suyos las relaciones de Daniel Hadad y el Grupo Yabrán. el monto económico de la ayuda y la conjunción con ex represores de la ESMA, como Adolfo "Donda" Tigel, y agentes de la SIDE local. Longobardi les confío a sus íntimos que quería disolver la sociedad con Hadad, que no eran lo mismo y que estaba pensando seriamente en separarse.

La campaña de hostigamiento comenzó con un afiche aparecido en los carteles de la Ciudad de Buenos Aires con un listado de nombres de periodistas a sueldo del gobierno de Carlos Menem, pagados con fondos de la SIDE. Allí aparecían varios periodistas de Pagina/12 y Marcelo Longobardi.

Marcelo, que conoce como pocos a Daniel Hadad, sospechó de él. Era una de las pocas personas capaces de perseguirlo, interceptar y grabar sus conversaciones telefónicas, y que su trabajo de inteligencia incluyera conseguir los nombres de todas las mujeres del Country Village. Y así lo comentó. espantado, a un grupo de periodistas conocidos.

M., la vecina y amiga de Dolores Llorens, terminó condenada por violación de correspondencia -en su intento de interceptar los sobres- y Marcelo Longobardi se divorció de la madre de sus hijos. Al poco tiempo volvería a trabajar a las ordenes de Daniel Hadad por partida doble: en Radio 10 y con un programa propio en Canal 9, Fuego Cruzado.

Romina Manguel, Javier Romero, Vale Todo: Biografía no autorizada de Daniel Hadad, Buenos Aires, Ediciones B, 2004, pp. 119-120