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Hegel hace notar en alguna parte que, en la historia universal, los grandes hechos y los grandes personajes se producen, por así decir, dos veces. Él ha olvidado añadir: la primera vez como tragedia, la segunda como farsa. (...) Los hombres hacen su propia historia. Pero no la hacen según el deseo de su iniciativa, ni en las circunstancias libremente elegidas; ellos están obligados por las circunstancias del momento, tales como las han creado los acontecimientos y la tradición. La tradición de todas las generaciones pasadas pesa como una pesadilla sobre el cerebro de los vivientes. En el momento preciso en que parecen ocupados en transformarse a sí mismos, en transtornar todas las cosas, en realizar las creaciones nuevas, llaman ansiosamente en su ayuda a los espíritus del pasado, recibiendo de sus antecesores, justamente en esos períodos de crisis revolucionaria, su nombre, su grito de guerra, su costumbre, para representar con este antiguo y venerable disfraz y con lenguaje que no es de ellos, la escena nueva de la historia universal.


Karl Marx (1852), El XVIII brumario de Luis Bonaparte, Buenos Aires, Claridad, 2008, p. 25